viernes, 13 de noviembre de 2015

La tortura judicial

En el curso "El factor intelectual en la historia", he puesto la transcripción de la conferencia número 13, grabada durante dicho curso. Su título: "La tortura judicial". He aquí su contenido:

13                                                              La tortura judicial

En España se usaba la palabra tormento. Lo importante es analizar lo que tiene de acierto o error. Conviene que las ideas queden lo más claras posibles.
Hay que distinguir el sufrimiento como mero daño infringido a una persona o como castigo. Distinto de lo que es la tortura judicial, es importante tenerlo en cuenta. 
En la cuestión de la tortura juducial, se usaba en su expresión latina Questio, que quería decir tormento. Durante el siglo XVI Galileo compara los instrumentos de la física con los instrumentos de tortura, porque para interrogar a la naturaleza y obligarla a dar respuestas se utilizaban esos aparatos.


Hay una especie de equivalencia o metáfora entre los instrumentos de tortura y los de la física.
Es difícil comprender en nuestra época que los suplicios se han empleado en casi toda la historia como castigos, y la muerte se llamaba "el último suplicio", o bien se trataba de una pena de muerte particularmente dolorosa.
Esto nacía de la convicción, que llegó hasta el siglo XVIII, de que la pena de muerte como tal era poca cosa. Si ustedes leen los testimonios históricos, como en las cartas de jesuitas del siglo XVII o documentos equivalentes de esta época o incluso más tarde, se habla de la pena de muerte como un contratiempo enojoso para la persona que la padece. Se ve incluso en entremeses de Cervantes o El Buscón de Quevedo, como algo burlesco.
Pero no solamente en la ficción, en las cartas de jesuitas se toma con bastante humor la ejecución de unos ladrones. Un tono ligero que también se refleja por ejemplo en Mme Sevigné, y cuenta a su hija la ejecución de una famosa envenenadora con bastante humor.
Un texto que me interesó mucho que leí en Montaigne: es el caso de un soldado que está en la celda y está viendo los preparativos para decapitarlo se pone muy contento, pues no lo van a torturar hasta morir.
Entonces me pregunté como unas personas refinadas hablan con tanta ligereza de una cosa tan grave, y he llegado a creer que había una gran inseguridad, las enfermedades, la vida era bastante breve, por tanto se contaba con la muerte. Había una fuerte vigencia en la esperanza en la otra vida, lo cual cambia la cosa. No es lo mismo que morir pensando que luego hay otra vida que, aún con la condenación o la salvación, no hay nada después la muerte. Esto llevaría a temer más al suplicio que a la muerte.
El suplicio a veces era muy feroz, duraba horas, muchas horas. La tortura judicial es otra cosa, distinta de lo que es el suplicio, porque la tortura judicial o el tormento es un procedimiento para conseguir una confesión y con ella la prueba de un delito. Durante mucho tiempo la confesión ha sido considerada como la reina de las pruebas, y la confesión se conseguía primariamente mediante el tormento. Esa práctica legal tiene una historia remotísima, en otros países como China está claro, pero en los países occidentales, la cosa existe desde Grecia y Roma, legalmente y jurídicamente hasta finales del siglo XVIII y en formas larvadas o más o menos disimuladas hasta hoy.
Había unas restricciones, aunque no muchas. En general estaban exentos los niños, aunque hay muchos ejemplos de su aplicación. A veces los viejos. En Grecia era aplicada a los esclavos o a los extranjeros. En algunas épocas se ha eximido a los clérigos, en otras a los nobles o gentilhombres.
Salvo algunas excepciones ha tenido una aplicación generalizada, y hay algo gravísimo, que en general no se tiene en cuenta. Casi nadie lo comenta, pero no solo se aplicaba a los acusados, sino que se hacía con los testigos, aunque parezca extraño ha sido una práctica abundantísima.
Hubo muchos tratados sobre la cuestión, Había que evitar que acabara en la muerte del testigo o con lesiones irreparables, había con frecuencia una vigilancia médica. Luego en la práctica las cosas no eran tan fáciles, era muy frecuente que hubiera lesiones permanentes.
Es asombrosa la enorme bibliografía que hay sobre el asunto, eso quería decir que la tortura judicial ha tenido vigencia durante muchísimos años, este es un hecho enorme que hay que tener en cuenta, con la consiguiente perplejidad y por ello había que incluirla en este curso sobre los aciertos y los errores.
Curiosamente la época en la que se aplica menos es en la Alta Edad Media. Se aplica mucho en el mundo griego, en el mundo romano. En Grecia el criterio es el siguiente: el hombre libre tiene honor, tiene palabra y se le cree, su testimonio en principio tiene validez. El esclavo no, y el extranjero tampoco y entonces la confesión hay que arrancársela, y es lo que justifica la tortura.
En Roma se resiste a aplicar la tortura a los señores. Se suele aplicar la tortura a los esclavos del acusado, la inocencia se intentaba probar dando facilidades, por su dueño, para torturar a los propios esclavos. Un tipo de mentalidad que nos cuesta trabajo entender.
Pero cuando los delitos son importantes, sobre todo si afectaban al Estado como tal, la tortura se aplicaba a los libres y a todas las personas porque se confiaba en el método para conseguir la verdad.
En la Edad Media se emplea menos la tortura porque se confía más en la "Ordalía", que puede significar sufrimiento, la "Ordalía" o "Juicio de Dios" consistía en una serie de pruebas que se hacían al reo para demostrar su culpabilidad, como tomar veneno, o sumergirse en el agua, para saber, si se salía de ellas con éxito,  si uno era o no culpable. Se suponía que Dios intervenía en la prueba, con manifiesta equivocación, pero era así como se veía la cuestión.
Las manifestaciones más crueles de la tortura se produjeron en Roma durante las persecuciones a los cristianos, pero la tortura, y esto es una situación diferencial, no pretendía probar que eran cristianos. Lo que pretende es la retractación mediante el sufrimiento. Se pretende que el cristiano renuncie a su fe, abjure de ella o haga sacrificios al emperador.
La religión romana tiene sus dioses, pero era una religión abierta. Pero lo que no puede hacer un cristiano es no reconocer a su emperador como a un dios. Ese es el motivo de la persecución.
La tortura cuando renace es en el siglo XII y aparece unida al intento de averiguar los delitos y entre ellos, que luego tendrán mucho relieve, los de tipo religioso, con la lucha contra las herejías, como la de los cátaros en el sur de Francia, con las primeras "inquisiciones", pues la palabra "inquisitio", quiere decir indagación. Es fundamentalmente un procedimiento de averiguación y eso conduce al uso regulado y sistemático del tormento como instrumento judicial.
Era bastante difícil averiguar las cosas por otros procedimientos, ni había policía, ni había métodos científicos. Las huellas dactilares, los análisis, etc, han cambiado el horizonte de las pesquisas.
La forma de conocer la culpabilidad era mediante la confesión o el testigo. En la época de los "gangsters", el problema era encontrar testigos, porque los mataban y la mayor parte de las condenas eran por falta de pago de impuestos. Aún hoy es difícil probar muchos delitos.
En la Edad Moderna esto se sigue aplicando, no solo en el caso de la Inquisición española, sino que todos los tribunales han aplicado la tortura con gran liberalidad durante la Edad Moderna, hasta muy avanzado el siglo XVIII y todavía en algunos casos ya entrado el siglo XIX.
Siempre ha habido protestas, desde muy pronto ha habido espíritus lúcidos que han negado la tortura pero sin éxito ninguno, por la vigencia de la tortura. Hay bastantes testimonios que no hacen mella en el conjunto de la legislación.
En el siglo XVIII empieza a haber una cierta densidad de objeciones, de reparos contra la tortura y el momento en el que comienza el gran cambio es con la aparición del libro de Beccaria: "De los delitos y las penas", que se publica en el año 1764. Es un alegato contra la sinrazón del tormento y su barbarie, en él se  mezclaban varios tipos de razones en contra: políticas, racionales, sentimentales, que son los que van a ser más actuantes. Tampoco esto se acepta de un modo muy claro y con mucha facilidad, se producen refutaciones y una defensa de la tortura por su eficacia.
En el libro de Beccaria, de una inspiración ilustrada clara, también se refieren a las penas con una tendencia hacia su alivio, como el caso de la mutilación y los suplicios, como el de la rueda muy utilizado en Francia en los delitos graves. Se trata de aliviar las penas y se tardará mucho tiempo todavía en luchar contra la pena de muerte.
Hay que evitar la tortura y la crueldad, en la pena de muerte también. Hay un libro de John McManners titulado: "La muerte y la Ilustración en la Francia del siglo XVIII"", lleno de información riquísima sobre todo esto, incluso sobre la gran cantidad de literatura religiosa sobre la muerte y la otra vida, que pocos pueden imaginar tan abundante en esos años.
Desde pronto estuvo claro para algunas personas, insisto, que la tortura puede demostrar la culpa, pero puede inventarla el inocente, muchas personas por evitar el dolor confesaban lo que querían los acusadores, confesaban delitos que no habían cometido. No digamos si se trataba de un testigo.
La situación es la siguiente: al acusado de un delito le solían aplicar con mucha facilidad la pena de muerte, sobre todo en Inglaterra. Hay testimonios de haber ahorcado a un niño de trece años por robar un pañuelo, a comienzos del siglo XIX. Lo cual era contraproducente, pues los dueños víctimas del robo no lo denunciaban por remordimiento de la pena, lo cual era un camino hacia la impunidad.
Con los testigos la cosa era más clara, el acusado si confiesa le aplican la pena, pero si aguanta queda libre y si confiesa lo condenan. En el caso del acusado era cuestión de vida o muerte el no confesar. Los sobornos a los verdugos eran cosa corriente en al literatura sobre la cuestión.
El caso de los testigos era en el fondo más grave, pues con tal de no sufrir el tomento acusaban sin ser cierto. Se podía mandar a la horca a un inocente porque los testigos no habían podido resistir la tortura.
Todo esto es desde el punto de vista intelectual una monstruosidad y mucha gente lo veía. Se podría decir que esto era la invalidación previa de la confesión. Es un error intelectual que es bastante evidente, pero no tiene efectos. Es una monstruosidad pero no importa.
Pero por otra parte la tortura judicial es un castigo, porque el daño hecho a la persona torturada no se puede reparar, como el caso del acusado inocente. No digamos el testigo que no tiene que ver nada con el delito y la pena.
Es una cosa intelectualmente monstruosa, es decir la tortura es una injusticia intrínseca muy fácil de percibir y sin embargo ha persistido. Su abolición legal, sin embargo, durante el siglo XIX, no ha extirpado su aplicación. Ha sido tolerada por la policía, no ya por la justicia. Y esto no solo lo aplican las autoridades, sino que lo aplican los secuestradores, los terroristas, los delincuentes... sin ningún tipo de garantía ni regulación.
Y uno se pregunta del por qué, por qué siendo un error palmario, fácil de descubrir, por qué ha persistido más de dos mil años. Hay dos respuestas, una de ellas es la creencia en la eficacia, a pesar de todo, con riesgo de error, lleva el tormento al descubrimiento, a la averiguación de lo que se quiere saber. Es lo que aplican los terroristas, es la relativa explicación que ha tenido la tortura por los antiterroristas. Se planteó esto mucho en Argelia. Pero esto es inaceptable.
Hay cosas que son de tal maldad, que son inaceptables, hay que ver si hay razones suficientes para actuar de una manera determinada.
La segunda fuente para esta práctica es el odio, existe más de lo que quisiéramos. Existe la maldad. El hombre actual tiene una tendencia a creer que no existe y olvidarla. Hay un odio que se complace en hacer daño al enemigo o a quién se considera que lo es. Supone un desprecio total del hombre, que se manifiesta cuando se elude el llamar tortura a la que practican los grupos a los que se tiene una cierta simpatía, incluso si se utiliza estos métodos son ningún tipo de autoridad y sin ningún tipo de límites. No se suele entonces utilizar el nombre de tortura, se crean eufemismos. es pues un fenómeno que ha durado muchos siglos y continúa de una forma o de otra.
En nuestra época además de la tortura física hay otro tipo de tortura, es la tortura psíquica o moral, en los interrogatorios, que son en condiciones particularmente penosas o humillantes. Se ha hecho desnudar a los interrogados, que ustedes dirán que no duele, pero duele moralmente, de manera afectiva. Las vejaciones, los insultos, las amenazas. Piensen en la impresión de abandono que puede tener el hombre o de indefensión. Por ejemplo eso que se llama "las cárceles del pueblo", una persona secuestrada que está amenazada que la maten cualquier día.
Los secuestros son una forma de tortura, las violaciones. No hay posibilidad de recurrir a nada, no hay una ley, no hay un tribunal a quien recurrir.
En nuestra época la única pena utilizada es la prisión. Me parece cada vez menos civilizada, por una razón, porque a una persona normal la destroza, no es lo mismo que a un delincuente habitual que está en su ambiente. Para una serie de personas es una especie de tortura, por ejemplo la prisión preventiva, que a veces coincide con una serie de vejaciones de los compañeros de prisión. Eso está pasando todo el tiempo, y es la forma más real hoy de la tortura, y no se la considera así porque se le llama otra cosa. Si hay que distinguirlos con el acierto o el error, esto pertenecería al ámbito de la tortura.
En el caso de las mujeres es otra cosa pues la delincuencia femenina era muy escasa. En general porque son bastante mejores que los hombres. Cuando se instala en su condición de mujer tiene una mayor dosis de bondad, en relación con la maternidad. Los niños son un elemento de bondad para las personas, y en algunos casos los hombres solo responden a la bondad cuando hay niños presentes.
Por ello las consecuencias del aborto son la pérdida del fondo de bondad de las personas,con unas consecuencias impredecibles en la sociedad, la máxima degradación moral de la misma.

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